Dieta macrobiótica: el perfecto equilibrio entre la salud y el bienestar

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macrobiótica

Basada en la doctrina que dio a conocer el japonés Georges Ohsawa en 1957, la macrobiótica tiene como objetivo lograr una vida más duradera y sana, mediante una alimentación sana y equilibrada, en la que también entra en juego el estado de ánimo del ser humano que la lleva a cabo. Para llevarla a cabo es necesario seguir ciertas pautas de las que hoy os vamos a hablar

Historia de la macrobiótica

Como ya hemos mencionado, la doctrina o estilo de vida macrobiótica, es un concepto que se da a conocer hace más de 60 años, por el japonés Ohsawa, sin embargo, la propia palabra y la idea de la misma ya se conocía en la Antigua Grecia, por esta razón, queremos echar la vista atrás y explicar el origen de dicha palabra y filosofía de vida, antes de adentrarnos de lleno en qué es la macrobiótica y cómo podemos aplicarla en nuestro día a día.

Tal y como se ha comentado, el concepto de macrobiótica, es decir, vivir una vida grande y saludable comenzó en la antigua Grecia, donde ya los filósofos como Hipócrates la pronunciaron. Más tarde, en el siglo XVIII, sería el profesor y doctor en medicina alemán, Christoph Von Hufeland (médico, por cierto, del novelista y dramaturgo Goethe) quien se acercaría más a la actual visión de la macrobiótica, es decir, el arte de prolongar la vida, a través de pautas saludables.

Pero donde realmente nace la idea de la macrobiótica actual que conocemos es en el japón del siglo XIX, cuando Sagen Ishizuka, un médico del ejército japonés, consiguió curar una enfermedad de riñones a través de esta filosofía. Algo que no había logrado la medicina más moderna de la época. Para este doctor, todas las enfermedades del ser humano se basaban en la mala alimentación, especialmente debido al desequilibrio entre el sodio y el potasio. Por esto mismo, creó una dieta acorde a la biología del ser humano, en la que los cereales integrales y vegetales fueran el alimento principal. Un trabajo de investigación y divulgación que, posteriormente, tomaría Ohsawa, encargado de difundir el concepto de macrobiótica en Occidente.

Su libro más famoso sería ‘Macrobiótica Zen‘ (publicado en 1962) y en que el propone el perfecto equilibrio entre una dieta concreta y la aplicación de valores y creencias humanas que también le hicieran grande como persona.

La dieta, muy espartana en cuanto a variedad, no descarta la introducción de la proteína animal de vez en cuando, siempre y cuando se respete el equilibrio entre el yin y el yang.

Hoy en día y a pesar de que ha pasado por algunos cambios, la dieta macrobiótica sigue teniendo como alimentos principales los cereales integrales y vegetales (que pueden ser cocinados de diferentes maneras), como el arroz, el maíz, el trigo o la cebada, por ejemplo, siendo también muy importantes las verduras, las algas, las hortalizas y la soja.

¿Cuál es su significado?

La palabra macrobiótica significa “gran vida” (del griego ‘macro’, grande y ‘bio’, vida), pero esto concepto va mucho más allá de vivir una vida grande, ya que también incluye la manera en la que se vive y es ahí donde entra la salud, en concreto, la alimentación ya que, como todos sabemos:

“somos lo que comemos”

De nuestra alimentación dependerá nuestro desarrollo corporal interno y externo, pero también de ella depende nuestro estado de ánimo. Y es que si llevamos a cabo una alimentación saludable y equilibrada, también nos sentiremos mucho más felices de lo que lo estaríamos si sólo comiéramos a base de comida basura o sin tener un control sobre la misma.

Esta alimentación, tal y como explican los expertos en la materia, consigue equilibrar cuerpo y mente y, por tanto, es capaz de combatir cualquier patología.

Por otro lado, también se trata de una dieta que ayuda a adelgazar de forma controlada y sin efectos rebote, siempre y cuando se siga incluyendo este tipo de alimentación en nuestra vida diaria.

Pautas de la alimentación macrobiótica

Además de los ingredientes que antes hemos mencionado, también es necesario seguir un listado de pautas para poder practicar la dieta macrobiótica en su totalidad:

  • Comer sólo cuando se tiene hambre y sin excesos
  • Masticar lentamente cada bocado
  • Comer con calma
  • Cocinar sólo con alimentos poco manipulados, de temporada y lo más naturales posibles. También deben ser alimentos acordes a la salud de la persona que los ingiere. Y es que la filosofía macrobiótica es mucho más estricta con aquellas personas que tengan algún tipo de enfermedad.
  • Intentar evitar aquellos alimentos que no nos aporten vitaminas, nutrientes o minerales, básicos para una alimentación sana y equilibrada y, por tanto, para una mejor salud.

 Beneficios de la dieta macrobiótica

El listado de beneficios es bastante largo, pero cabe mencionar, principalmente, los siguientes:

  • Mejoras el funcionamiento del aparato digestivo: gracias a las propiedades de los alimentos que ingieres. Esto supone también una menor acidez, ya que los productos que tomas en cada una de tus comidas, no tendrán esa consecuencia en tu organismo.
  • Te sientes con más energía y más claridad mental: al ingerir sólo los alimentos que nuestro cuerpo necesita, éste responde con mayor eficacia.
  • Te ayuda a adelgazar: ya que el cuerpo encuentro su equilibrio perfecto. Adelgazas de manera eficaz y sin el famoso ‘efecto rebote’.

 Alimentos permitidos y prohibidos

Como ya hemos dicho, la macrobiótica se basa, principalmente, en una alimentación sana y equilibrada, acorde a la condición del ser humano y siempre siguiendo el equilibro entre el Yin y el Yang.

En este sentido, los alimentos permitidos son, principalmente, los siguientes:

  • Cereales: que deben representar el 50% de la ingesta diaria de alimentos
  • Vegetales y hortalizas: que representan el 25% de la ingesta diaria de comida
  • Legumbres: un 15% en la alimentación diaria
  • Sopas: sólo si están elaboradas con algas o vegetales y nunca más de dos tazas al día
  • Fruta: se recomienda consumirla seca y cocida, aunque también se puede consumir fresca
  • Huevos: sólo de manera ocasional y que sean ecológicos
  • Proteínas animales: sólo se permite tomar pescado blanco (2 veces por semana) y carnes blancas, como el pollo, el conejo o el pavo, pero en cantidades que no sean excesivas
  • Líquidos: no se recomienda tomarlos durante las comidas y tras las mismas, tomar té o agua tibia. El café de cereales también está permitido.

Por otro lado, los alimentos prohibidos en la dieta macrobiótica son los siguientes:

  • carnes rojas
  • azúcares y derivados
  • harinas
  • alimentos refinados
  • productos lácteos
  • alimentos con conservantes, colorantes o abonos químicos
  • berenjenas, patatas y tomates
  • frutas tropicales y zumos
  • condimentos fuertes o picantes
  • grasas animales

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