A pesar que la definición de autocompasión sea tan sencilla como compasión hacia uno mismo, el significado popular, que aparece, de hecho, recogido como verdad universal en multitud de páginas de internet, distorsiona por completo el significado real de la palabra asociándolo a victimismo, trastorno de la personalidad…

Lo asociamos a personas reactivas que sólo saben lamerse las heridas, cuando en realidad es el acto más proactivo que podemos regalarnos, porque amigos, la vida, en ocasiones, nos muestra su lado menos dulce, y nuestras sombras aprovechan para conducirnos al sufrimiento en lugar de a la aceptación del dolor, como algo tan inevitable como pasajero si no nos aferramos a él.

Regalarnos compasión, igual que se la regalaríamos a un ser querido que sufre (aunque en ocasiones tampoco sepamos muy bien cómo hacerlo), no es debilidad, no es egoísmo, es salud.

¿Y cómo lo hacemos?

ACEPTACIÓN DE LA SITUACIÓN PRESENTE.

Lo que pasa, pasa. Olvídate del “bah no es para tanto” o del “no pasa nada”, no te evadas, no mires a otro lado, no te narcotices…

Contempla de frente esa situación que te provoca dolor y acepta que sí, que está ahí.

NO LA JUZGO, NO LA CALIFICO.

Aceptamos que ESTO está pasando, no que ESTO TAN MALO está pasando, porque la realidad es neutra, porque lo que es tan malo para ti quizá para alguien suponga una ventaja, porque el uso de calificativos o juicios negativos sobre la situación sólo agrava las cosas.

CON AMABILIDAD IDENTIFICO LAS EMOCIONES QUE SURGEN AL RESPECTO.

Sin perder la amabilidad, ni hacia mí mismo, ni hacia mis emociones despertadas, ni hacia el Estímulo que las desencadena, identifico qué está ocurriendo dentro de mí.

COMPRENDO QUE FORMA PARTE DE LA EXPERIENCIA HUMANA, DE LA VIDA EN SÍ.

Justo en oposición a lo que el significado adulterado de la autocompasión nos muestra, se trata de no creerse el ombligo del mundo, de no pensar que nadie puede entender por lo que yo, y sólo yo estoy pasando.

Entender que forma parte de nuestra especie, que como humanos emocionales, todos pasamos por momentos así, que no seremos el primero, ni el último.

ME DOY PERMISO PARA SENTIRME ASÍ.

Optimistas, pacifistas, perfeccionistas, valientes, altruistas….del mundo, seres evolucionados… Tenéis derecho a sentiros mal, a sentir Ira, a no ser perfectos, a tener miedo, a pensar en vosotros, a dar un paso a atrás…

El sufijo –ista sólo significa “preferencia hacia”, podemos tener preferencia a la positividad y en un momento dado sentir negatividad y eso no nos hace menos optimistas.

Deja de luchar contigo mismo y date permiso para ser humano.

ME DOY TERNURA, AMOR, COMPASIÓN.

Pero no te conformes el permiso, te mereces más, mucho más, te mereces, como todo hijo de vecino, ternura, amor, compasión, bondad.

Te mereces tratarte bien, darte un capricho, un baño con espuma o un helado de chocolate.

Cuando un niño sufre su madre le besa, bésate a ti mismo, besa a ese niño herido que sufre dentro de ti.

ME DISPONGO A SOLTAR O SOLUCIONAR.

Precisamente para evitar esa actitud extendida pero lejana a la auténtica autocompasión, tras los pasos anteriores hay que tomar la determinación de actuar.

Si cada vez que sufrimos nos tratamos mejor que nunca ¿para qué vamos a salir del sufrimiento?.

En pleno “brote” evidentemente no es el momento de ocuparse de ello, es momento de mimarse y a la vez hacerse la promesa de que cuando estemos más calmados, cuando nos hayamos amado y dado permiso para habitar nuestras sombras, vamos a ponerles luz.

Vamos a examinar qué podemos hacer al respecto, si no podemos hacer nada, si no está en nuestra mano, vamos a tener que soltar, porque para que el dolor no se convierta en sufrimiento hay que dejar que nos visite pero no invitarle a quedarse.

Si podemos hacer algo, lo haremos.

Esta actitud hará que cuando volvamos a sentirnos mal nos resulte más fácil no juzgarnos.

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