mariposa cuentoMuchas veces nos puede el afán por ayudar a alguien, sobre todo a aquellas personas con las que tenemos relación.

En estas situaciones, normalmente sentimos empatía y tratamos por todos medios echarle una mano, sin pensar que lo que estamos haciendo es todo lo contrario, estamos limitando su aprendizaje personal.

Estos procesos de crecimiento, van a un ritmo distinto en cada persona, por eso, en lugar de empujar y forzarlos, es más aconsejable acompañarlos y animarles a que vivan su propia experiencia.

Seguramente muchos conozcáis este cuento, pero es el ideal para reflexionar sobre lo comentado.

«El cuento del hombre que quiso ayudar a la mariposa»

Un día hombre que paseaba por el campo, se encontró el capullo de lo que iba a ser una mariposa.

Le hizo tanta ilusión que se lo llevó a casa; no quería perderse el nacimiento de esa mariposa.

Pasaron los días y el hombre se percató de un pequeño orificio en capullo y pensó, “ya está, la mariposa saldrá enseguida”.

Se sentó y observó cómo la mariposa luchaba por conseguir salir de aquel capullo que la envolvía.

Le asombró el ver cómo forcejeaba sin descanso para poder pasar su cuerpo a través de ese pequeño agujero; pero de repente esa lucha parecía haber terminado, no se veía ningún intento por parte de la mariposa, como si hubiese desistido.

Viendo esto, el hombre con todo su buen hacer, decidió ayudar a la mariposa.

Cogió unas tijeras y con las mismas hizo el orificio del capullo más grande, tan grande que la mariposa pudo salir fácilmente.

La sorpresa fue cuando vio salir a la mariposa…. Tenía el cuerpo hinchado y sus alas eran muy pequeñas y estaban dobladas.

El hombre siguió mirando, ya que pensó que el milagro se formularía ahora, sus alas se desdoblarían y crecerían bellas mientras su cuerpo se deshinchaba.

Pero pasaba el tiempo y nada cambiaba, ni las alas se desdoblaban y crecían, ni su cuerpo se deshinchaba; es más, la pobre mariposa sólo era capaz de arrastrar su cuerpo haciendo círculos.. y nunca pudo echarse a volar.

Lo que el buen hombre, nunca pudo entender fue que esa limitación, ese forcejeo de la mariposa para poder salir del capullo, realmente era la forma con la que la naturaleza hacía que se segregasen los fluidos necesario para formas sus alas para que pudiese volar.

 Extraido del libro: «Aplicate el cuento» de Jaume Soler y M. Mercé Conangla.

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