Se tu mismo: El cuento “El árbol que encontró su identidad”

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RobleCon el cuento que hoy vamos a compartir con vosotros, queremos hacer énfasis en lo importante que es quererse, valorarse y respetarse a uno mismo, y no dejar que otros te anulen o intenten cambiarte. Cada uno tiene la labor de escuchar a su interior y tener clara cuál es su esencia, para así sentirte a gusto contigo mismo y gritar a los cuatro vientos que eres feliz.

“El árbol que descubrió su identidad”

En cierto lugar mágico, había un monasterio que tenía un precioso jardín lleno de manzanos, naranjos y rosales. En general, todos vivían en armonía, pero entre ellos también vivía un árbol que no era feliz. Se sentía frustrado por no tener identidad, no sabía quién era.

Así, el manzano con la intención de ayudarle le dijo:

“Arbolito, lo que necesitas es concentrarte, y si lo haces y lo deseas con fuerza, conseguirás dar sabrosas manzanas. Una vez que lo consigas, te dará cuenta de que es muy fácil.

Por otro lado el rosal le decía:

“Arbolito, no hagas caso al manzano. Te prometo que dar rosas es mucho más sencillo, además, ¡mira que bonitas son! Somos dulzura, frescura y tenemos un olor muy agradable.

El árbol intentaba retener toda la información que le ofrecían y al mismo tiempo intentaban hacer todo lo que le proponían, pero no lo conseguía. No podía ser lo que los demás querían que fuese y eso cada vez le frustraba más.

Una noche, un búho se acercó hasta el jardín. Era considerada la más sabías de las aves, y como vio al pobre arbolito tan triste, se acercó a él y le dijo:

“¿Qué te pasa arbolito? Tú que deberías ser fuerte y feliz te veo apagado.

El arbolito le comentó que no sabía quién era y que los árboles de alrededor le decían cómo tenía que ser, cómo tenía que comportarse, y qué es lo que tenía que hacer; pero por mucho que lo intentaba, le resultaba imposible.

Al oír estas palabras, el búho le dijo:

“No te preocupes arbolito, tú problema tiene fácil solución. No tienes que dedicar tu vida, ni hacer ningún esfuerzo, ni malgastar tu energía en ser como los demás quieren que seas. Siéntete libre, sé tú mismo y permíteme darte un consejo: Dedícate a quererte, a conocerte y aprende a escuchar a tu voz interior”

Dicho esto, el búho desapareció, y sus palabras revolotean dentro del arbolito: “¿Ser yo mismo?¿Quererme?¿Que aprenda a escuchar mi voz interior?”. Y con las palabras del búho, el arbolito pasó la noche. Sus palabras habían entrado con fuerza en su corazón, por lo que cuando amaneció, el arbolito se empezó a sentir más fuerte y tomó la decisión de no hacer caso a esos comentarios de sus compañeros que le decían cómo debía de ser.

Aprendió a estar en silencio, aprendió a gozar de los rayos de sol, de las gotas de lluvia, del viento que le acariciaba, del canto de los pájaros que se posaban en sus ramas, etc, y así, cierto día se dio cuenta que lo había comprendido todo. Su corazón se abrió y pudo escuchar a su voz interior:

“Gran árbol, ten en cuenta estas palabras que te ayudarán a ser feliz: nunca darás manzanas, tú no eres un manzano, nunca darás rosas, puesto que no eres un rosal. Tu verdadera identidad es que eres un roble, y tu objetivo en la vida es crecer grande y fuerte, dar cobijo a las aves, dar sombra a quien lo necesite y llenar de belleza y majestuosidad el paisaje”

Habiendo escuchado su voz interior, el árbol se empezó a sentir fuerte y seguro de sí mismo; y así, pronto fue admirado y respetado por todos sus compañeros. Pero, lo más importante es que aprendió a quererse, a respetarte y a valorarse a su persona.

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Planta tu propio jardín y decora tu propia alma, en lugar de esperar que alguien te traiga flores.-Veronica A. Shoffstall.

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