amorOriginal es todo aquello que se crea en el origen, pero también aquello que es novedoso, diferente.

Os proponemos hoy una perspectiva original del Amor, en ambas acepciones.

Una perspectiva que debería contentar tanto a personas pragmáticas, pues parte de nuestra propia biología, como a personas espirituales para las que el Amor va más allá de las emociones terrenales.

Aunque quizá, presos como estamos de una concepción romántica del amor, no contente a nadie….

Asumiremos el riesgo, como lo han asumido a lo largo de la historia de la humanidad todos los que a base de proponer ideas originales han conseguido que la evolución siga su curso,

¡Gracias valientes!

Las ideas de este artículo están inspiradas en la lectura del libro Amor 2.0 de la psicóloga estadounidense Barbara Fredrickson.

Si asumimos que el Amor es una emoción, debemos asumir que como todas ellas, tiene una duración determinada, cortita para ser exactos… de esta manera dejaríamos de hablar de Amor para referirnos concretamente a “micromomentos de amor”.

La autora define el Amor como: “Micromomentos de Unión y Calidez que compartimos con otro ser vivo”.

Para ello es ABSOLUTAMENTE INDISPENSABLE que exista una presencia real entre ambas partes, una presencia física y una presencia emocional, por lo que no es posible que el amor ocurra en la distancia, ni en el pasado, ni en el futuro.

Sólo puedes amar AHORA (en realidad solo puedes hacer cualquier cosa ahora), solo puedes amar cuando compartes con otro ser vivo, igual de presente que tú, un momento basado en emociones positivas.

Uno de los resultados inmediatos de estos micromomentos es la creación de la RESONANCIA DE POSITIVIDAD.

Cuando se produce un micromomento de Amor, esas emociones positivas se amplifican como resultado de la interacción entre dos seres que se han sincronizado, y muestran una atención total el uno por el otro.

Si bien es cierto que, de forma general, esto ocurre espontáneamente, no lo es menos que, conociendo su mecanismo, podamos llenar nuestro día a día de maravillosos micromomentos de amor.

Cuando sucede de forma espontánea, estamos permitiendo que nuestros mecanismos inconscientes (que en su mayoría tienen que ver con pensamientos automáticos) tomen el mando y decidan si esa persona, o ese animal (si mis creencias sobre los animales es que no sienten, es complicado tener un micromomento de amor con ninguno de ellos) es digno de una interacción amorosa conmigo.

De cualquier manera, para que ocurran, en primer lugar debemos sentirnos seguros y confiados con la otra persona o ser vivo.

Y de aquí se deriva la importancia de la presencia física.

Nuestro inconsciente (aquí sí, muy hábil) es perfectamente capaz de, mediante el contacto visual, “leer” al ser que tiene delante, entrar en su mundo emocional para descubrir si hay posibilidad de conexión, o qué intenciones se esconden tras la interacción.

También la voz nos aporta mucha información al respecto, así como la distancia personal incluso el movimiento de nuestras manos y brazos.

Cuando observamos a dos personas que están muy conectadas, podemos ver como aumentan las sonrisas genuinas y la frecuencia de aproximación, como sus cuerpos muestran signos evidentes de apertura y confianza (por ejemplo piernas y brazos descruzados) o como se producen muchos asentimientos de cabeza, y si nos fijamos bien, veremos cómo sus cuerpos se mueven también de forma SINCRONICA

Vale, original, en cuanto a diferente si, ¿pero por qué decíamos al principio que también explicaría el origen del Amor?

Porque tratándolo como una emoción, es evidente que viene de serie, de origen, y como toda emoción, desempeña un papel funcional en nuestra existencia, y como toda emoción, desencadena una serie de mecanismos físicos en su activación.

Nuestro cuerpo está diseñado para la RESONANCIA DE POSITIVIDAD que desencadenan los micromomentos de amor, con 3 partes especialmente implicadas.

 

EL CEREBRO:

La sincronización que podemos apreciar entre dos personas que comparten un micromomento de amor, parte de nuestro cerebro.

Ocurre que en la interacción (que comienza con un intercambio de positividad) numerosas áreas de nuestro cerebro se sincronizan totalmente con las de la otra persona, y dado que es el cerebro el que manda en el movimiento, es lógico que nuestros movimientos también se sincronicen.

LA OXITOCINA:

Conocida como la hormona del Amor es la encargada de proporcionarnos esa apertura ante el otro, fomenta la cooperación, la confianza y amplia nuestra capacidad perceptiva, lo que posibilita que veamos más allá de la personalidad del otro, que captemos su esencia, desde la apertura, la cooperación y la unidad.

Hace que la Amígdala, este menos pendiente de las amenazas y más perceptiva a las oportunidades sociales positivas, ayudando a captar los indicios de buena voluntad.

EL NERVIO VAGO:

Este nervio va desde el interior del tronco encefálico hasta el corazón, pasando por los pulmones y otros órganos internos.

Su papel es clave en el tema que nos ocupa, ya que es el encargado de estimular los nervios faciales (sin él podemos olvidarnos de las sonrisas genuinas, y demás expresiones faciales indispensables para una buena resonancia de positividad) e incluso, de estimular el oído medio para poder distinguir mejor, la voz del otro entre los ruidos ambientales.

Es más que evidente que la Naturaleza, Dios, o el Azar, se ha tomado demasiadas molestias en que nuestro organismo esté listo para llenar nuestra vida de micromomentos de amor, como para limitarlos a nuestras interacciones más cercanas.

Vivir estas resonancias de positividad afecta poderosamente a nuestra salud, nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestros pulmones e incluso nuestro sistema inmune que se ve fuertemente favorecido.

Si a eso le sumamos las cataratas de oxitocina que recorren nuestro cuerpo llenándonos de bondad…

A amarse toca…

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