manipuladorLa diferencia entre manipulación y persuasión es muy sutil. Mientras que la persuasión se basa en razonamientos ciertos para conseguir introducir ideas, actitudes o acciones en la mente de otro, la manipulación utiliza desde el ocultamiento de parte de la verdad hasta la falsedad de datos para conseguir los mismos fines.

Aunque no nos guste reconocerlo utilizamos la manipulación más a menudo de lo que somos conscientes.

¿Quieres saber cuándo eres un manipulador?

Te lo mostramos…

Utilizas la manipulación cuando:

  1. Utilizas el olvido “pasivo-agresivo”

Bien sea de forma consciente o inconsciente, muchas veces “olvidamos” realizar acciones a las que nos hemos comprometido y esto ocurre fundamentalmente porque hemos realizado el compromiso sin desear realmente hacerlo.

Ponemos buena cara, aseguramos que cumpliremos con él, y lo guardamos en nuestro inconsciente con la etiqueta invisible de “no realizar”

Luego nos disculpamos, echamos la culpa a nuestra memoria y solemos obtener el perdón del otro.

  1. Sugieres que el otro preferiría la misma opción que tú

Tu amigo quiere ir al cine, te pide que le acompañes a ver determinada película, tú le contestas que estás encantado con la idea y añades con una sonrisita que lleva acuñado el sello (lo sé porque te conozco):

  • Y ¿Seguro que no prefieres ver esta otra?

La forma de hacer bien las cosas sería decirle a tu amigo que en realidad tú prefieres ver la otra película.

  1. Si tú…..yo…… palabrita!

Si tú me das un masaje, mañana me ocupo de tus tareas….

Aquí jugamos tanto con el factor tiempo (mañana….quien sabe que será mañana) y con un claro chantaje.

Aprender a expresar con respeto nuestras peticiones al otro, aceptando su respuesta, sin intentar comprarla, es signo de respeto por la voluntad de la otra persona.

  1. Lanzamos la pelota de nuestra felicidad al tejado del otro

A mí me haría muy feliz que hicieras tal cosa, pero bueno, depende de ti…

Chantaje emocional puro y duro. En este caso nos revestimos de victimismo y buenismo, dando al otro la “oportunidad” de hacernos felices o no, “sin rencores” por supuesto.

Seamos honestos y reconozcamos que la opción elegida no es la más favorable para nuestros intereses pero que no tenemos derecho alguno a cargar esa responsabilidad en la espalda de nadie, ni de aceptar que nadie la cargue sobre la nuestra.

  1. «Pues ya me apaño solo»

Apelamos al sentido de culpa del otro, haciéndole parecer una persona insolidaria por no acceder a nuestros deseos.

Es un arma de doble filo, porque en nuestra escenificación del papel de víctima solemos caer en la trampa y confundirnos con nuestro propio personaje.

Cuando vayas a decir esta frase, detente, y cámbiala por un:

  • “ No importa, seguro que soy capaz de hacerlo solo.”

No sólo harás que la otra persona se sienta mejor sino que tú mismo te verás empoderado y capaz de realizar por ti mismo eso que le demandabas al otro.

  1. La callada por respuesta

Pese a las virtudes, por todos conocidas, del silencio, este no siempre es ni tan sabio, ni tan inocente como parece…

El silencio como castigo es algo que todos hemos sufrido alguna vez y probablemente hayamos ejercido.

Hay una gran diferencia entre guardar silencio hasta que se aplaque nuestra Ira, o encontremos una respuesta menos dañina, menos manipuladora, hacia la otra persona y utilizar el silencio como forma de castigo, precisamente como materialización invisible e inaudible de esa ira, de esa reprobación que queremos dejar patente.

Si guardamos silencio para evitar males mayores, hagámoslo saber, un:

“Prefiero no hablar en este momento porque voy a decir cosas que en realidad no siento” es una buena forma de mantener silencio hasta que estemos preparados para expresarnos desde la honestidad y el respeto.

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