tropezar con la misma piedraReconozcámoslo, ¿cuántas veces nos preguntamos cómo es posible que con lo relistos que ya somos sigamos tropezando con las mismas piedras? Es más ¿cuántas veces preguntamos mirando hacia el cielo, por qué narices siguen apareciendo piedras en nuestro camino, con lo aplicaditos que somos? Y si encima tenemos la fortuna o desgracia, según se mire, de tener personas cerca, muy poco avanzadas en el mundillo espiritual, a las que apenas les aparecen piedras o las solventan de una sola vez, como no preguntarnos ¿qué clase de justicia es esta?

¿Por qué tropezamos siempre con las mismas piedras?

Intentaremos arrojar un poco de luz a esta cuestión…

La lección fundamental: VENIMOS A EVOLUCIONAR

Sí, ya sé que lo sabes, que para algo eres lector de Triskelate, y yo, que escribo esto, también lo sé, pero cuando es la quinta vez que me doy con la misma piedra, pues la verdad, pierdo la perspectiva… ¿te pasa?

Evolución significa aprendizaje continuo, con niveles cada vez más dificultosos a los que llegamos porque hemos ido integrando los conocimientos previos, de esta manera no podemos seguir evolucionando si no hemos adquirido las competencias previas, y hablo de competencias y no de conocimientos porque ahí está la clave.

Diferencias individuales: TEÓRICOS VS PRÁCTICOS

Y aquí es donde entran esas personas que conoces a las que todo les fluye sin tener ni idea de las leyes universales que están operando, y tú que te lo sabes todo pero hay puntos en los que no avanzas…

Imagínate que quieres llegar a un lugar lejano y alguien te proporciona un coche, pero tú no sabes conducir. Imagina también que no hay una ley que te exija tener un carnet de conducir para poder circular.

Si eres una persona teórica, estudiarás el funcionamiento del coche, su mecánica, las normas de circulación, las señales, los avisos del salpicadero, la presión adecuada de las ruedas, los kilómetros máximos que debes hacer sin cambiar el aceite….

Si eres una persona práctica, te montarás en el coche y a base de ensayo y error y con la determinación absoluta de llegar a tu destino, en unas cuantas horas podrás ponerte en marcha.

Lo mismo ocurre con la vida, si estamos aquí es precisamente para poner en práctica los conocimientos adquiridos, es decir para ser competentes en nuestra vida, para conducirla, y no, o no sólo, para entender cómo hay que hacerlo.

Aquí se hacen muy claras las diferencias individuales entre las personas, hay personas fundamentalmente teóricas y hay personas fundamentalmente prácticas, pero eso no significa que debamos descuidar ninguno de los dos aspectos.

En cualquier aprendizaje que realicemos en nuestra cotidianeidad, primero aprendemos las bases teóricas y después, pasamos por un periodo de prácticas para asentar y llevar a cabo de forma satisfactoria lo que hemos aprendido.

¿Te pondrías en manos de un cirujano que ha obtenido matrícula de honor en todos sus exámenes teóricos pero que jamás ha hecho una hendidura en un cuerpo humano?

¿Dejarías que tus hijos subieran a un autobús escolar cuyo conductor que aprobó el teórico a la primera, jamás ha tocado un volante?

Pues de la misma forma funciona nuestra evolución, como seres espirituales que han bajado a vivir una experiencia humana, aprendemos la teoría y antes de pasar al siguiente nivel nos aparece la práctica, así sin avisar, sin pistas.

Para que entendáis mejor a qué me refiero os contaré mi último y estrepitoso suspenso en prácticas…

La otra tarde mientras dormía una plácida siesta, tras haber estado un buen rato teorizando sobre el amor incondicional, sonó el teléfono:

  • Buenas tardes, le llamo de la compañía de teléfonos….

Se trata de una compañía con la que, qué os voy a contar, en su momento tuve mis desencuentros… Bueno, digamos que mi respuesta fue cuando menos brusca, vale, bastante brusca… La muchacha que estaba al otro lado de la línea me dijo (y lo extraño es que la escuchase con lo metida que estaba yo en mi papel de indignada)

  • Yo solo estoy trabajando y usted podía ser más amable.

Ni que decir tiene que le colgué el teléfono de forma muy poco amable y aún seguí rumiando largo rato tras la llamada.

Pero como soy tan teórica, una vez bajó mi activación emocional, me di perfecta cuenta de que acaba de suspender las prácticas, que como os adelantaba, vienen sin previo aviso…

De hecho, sin siquiera saberlo, la misma teleoperadora me dio la respuesta correcta… Me había olvidado de ser amable…

La pregunta correcta: ¿Para qué?

Si cada vez que tropezamos con una de esas piedras, en lugar de preguntarnos ¿por qué?, o peor aún ¿por qué a mí? nos preguntamos ¿para qué? en seguida comprenderemos que es solamente el examen práctico que debemos superar para continuar nuestra evolución.

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2 COMENTARIOS

  1. Antes creia que tenia mala suerte y me lamentaba preguntándome por que solo a mi me pasa esto? Y actualmente cuando pasa alguna situación adversa pienso «en que me puede beneficiar» y aunque a veces sigo teniendo la misma sensación de mala suerte es mas reconfortante pensar que es parte de un proceso de evolución (aun asi se siente mal aunque menos).

  2. ESO NOS PASA A VECES. MI RESPUESTA LUEGO QUE PIENSO. UFF QUE HICE. ESTAMIS EN ESTE CUERPO Y NOS QUIERE TOMAR EL PELO. CORRIJO PARA TRATAR DE NO VOLVER A HACERLO. GXS

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