¿Por qué la cultura budista venera tanto a los gatos? La leyenda budista sobre los gatos

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¿Alguna vez te has preguntado por qué la cultura budista venera tanto a los gatos? En la siguiente leyenda podréis encontrar la explicación del porqué de la creación de tan fuerte vínculo entre el ser humano y este felino.

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La leyenda budista sobre los gatos

En el sureste asiático existía una rama theravada del budismo, o el budismo del linaje de los antiguos, que creía que cuando una persona había alcanzado los máximos niveles de espiritualidad, fallecía. En ese momento su alma se fundía en el cuerpo de un gato, y así, permanecía en vida hasta que el animal moría.

Sólo después de esto, el alma de la persona podía ocupar un lugar eterno en el paraíso.

Esta creencia se obtuvo a través de los papiros encontrados en Tailandia conocidos como “Libro de los poemas del gato” o el Tamra Maew guardado hoy en día en la biblioteca Nacional de Bangkok como un auténtico tesoro a conservar.

Otra cosa curiosa que realizaban las familias tailandesas por aquella época, era que durante el ritual de inhumación de una persona, introducían un gato vivo en las tumbas, dejando un pequeño espacio para que el gato pudiera salir por allí.

Cuando el gato lograba salir, se consideraba que el alma del difunto ya había pasado a habitar el cuerpo del gato y había ascendido al plano iluminado.

“El tiempo pasado con gatos nunca es tiempo perdido.” -Sigmund Freud-

                                             ***

Además de esta leyenda, también existe esta otra que cuenta que un día un gato se quedó dormido sobre la túnica de Buda. Con el propósito de no perturbar su sueño, y poder seguir con sus actividades, Buda decidió cortar el pedazo de túnica donde estaba aposentado el gato, pudiendose así levantar sin que el minino viera interrumpido su descanso.

A partir de este momento y según la leyenda budista sobre los gatos, este animal comenzó a formar parte de las meditaciones budistas.

Pero, llegó el día en que el maestro que fomentó que el gato formara parte de estos encuentros, falleció. Tras preguntarse qué camino seguir, su sucesor permitió que el gato los siguiera acompañando en sus reuniones y meditaciones de budismo zen.

Esta historia comenzó a hacerse conocida en los templos de la región y, para el momento en que el gato falleció, ya muchos templos habían adoptado a estos animales como compañeros infalibles de la meditación.

El primer templo en adquirir uno consiguió otro y así el gato comenzó a formar parte de las prácticas de la religión.

No hace falta recurrir a los textos budistas para sentir lo especiales que son los gatos, sus miradas engatusadoras que transmiten mensajes que es muy útil saber interpretar correctamente. O sus posturas a la hora de estirarse que bien nos recuerdan a las distintas posturas del yoga.. En general, todo un ejemplo de elegancia, atracción y equilibrio.

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