Efecto Halo“Me acabo de enamorar”. Así de súbito puede aparecer este estado en cualquiera de nosotros… Basta una mirada para saber que esa persona será el padre o madre de nuestros hijos.

¿Serán las flechas de Cupido? Si es así mi más sincera enhorabuena, porque lo cierto es que la que les escribe cree que es posible que dos almas se reconozcan en una sola mirada.

Pero bien podría tratarse del más terrenal “Efecto Halo” y entonces…,

¡Cuidado! Ya lo dice el refrán: “No es oro todo lo que reluce” aunque nuestro cerebro nos haga creer lo contrario.

¿Te has fijado que en los anuncios publicitarios los actores que pretenden ganar tu confianza para adquirir el producto siempre son físicamente bien parecidos? Esto es así porque uno de nuestros sesgos cognitivos nos lleva a sobregeneralizar los atributos de las personas.

Hacemos “packs”. Si es guapo y va bien vestido se trata de una persona confiable, buena, amorosa, sincera, inteligente…

Una de las causas para este fenómeno es nuestro pensamiento Dual que todo lo categoriza como positivo o negativo (y si es tan irresistiblemente guapo, que es nuestra primera impresión, automáticamente, lo colocamos en el saco de positivo con el resto de atributos que tengamos allí almacenados).

Nos servimos, para que el enamoramiento avance, de otros dos sesgos:

La abstracción selectiva, que va a hacer que pongamos nuestra atención solamente en los rasgos o comportamientos positivos de esa persona, dejando en la sombra las características que no cumplen con nuestras expectativas.

Posteriormente utilizamos el Sesgo Confirmatorio que pondrá su atención en todas las expectativas que ya ha cumplido esa persona por la que nos sentimos atraídos.

Y…. ya estamos profundamente enamorados, da igual lo que nos digan las personas de alrededor, da igual que nuestro príncipe azul empiece a desteñirse, porque el siguiente sesgo que vamos a poner en marcha es el Razonamiento emocional.

  • No me deja ponerme minifalda porque me ama tanto que no soporta que otros puedan amarme
  • No me deja relacionarme con mis amigos porque tiene miedo de que me lleven por el mal camino
  • Es grosero con mis padres porque sabe que en la adolescencia me hicieron daño
  • Hace una semana que no me llama porque no quiere coartar mi libertad

Y así podríamos seguir hasta mañana…

Pero ¿por qué el efecto halo tiene tanto poder sobre nosotros?

Es muy probable que se trate de un poso evolutivo.

Ya sabemos que la atracción física es un señuelo para la procreación. Está estudiado y demostrado que las personas más atractivas cumplen con determinadas proporciones físicas que informan de una alta probabilidad para engendrar hijos (caderas anchas en las mujeres, color de piel saludable, fortaleza física en los hombres…).

Y esto que era válido en las antiguas sociedades pierde su valor en la actual donde procrear no es la máxima aspiración, dónde lo que necesitamos de nuestra pareja va mucho más allá de lo que su cuerpo físico puede ofrecernos.

Lo que ocurre es que ese instinto no nos ha abandonado, lo que pasa es que cuando vemos a un bombonazo, lo queramos o no, nuestras hormonas se ponen en marcha…

Y nuestro cerebro racional, civilizado y social necesita algo más. Nos pregunta ¿por qué quieres pasar el resto de tu vida con esa persona? Y la respuesta de “porque está cañón” no le sirve…

Y aquí es donde entra el efecto halo y todo lo explicado anteriormente…

Debes saber también que cuando el cerebro encuentra un truco que funciona lo extrapola a otras situaciones “para dejar espacio en el disco duro” así, el programa “Efecto Halo” lo vamos a ejecutar no solo ante el Amor, sino ante toda interacción social.

Así tenemos más probabilidades de comprar un producto si el vendedor es atractivo, de asistir a un seminario si el profesor es carismático, de sentarnos al lado de alguien en el autobús si va bien vestido…

La buena noticia es que tú decides, siempre que quieras, qué programa ejecutar. Ahora ya sabes que por defecto el cerebro ejecutará el programa “Efecto Halo”, mi consejo es que cuando tus hormonas se alboroten, antes de llevártelo a casa, ejecutes el programa:

“Despacito, despacito… ¿cómo es realmente esta persona?”

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Amores y desamores

El efecto luna de miel

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