¿Cambiarias tus problemas por los de tu vecino?- Cuento de Paulo Coelho

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En esta ocasión os traemos un pequeño cuento de Paulo Coelho sobre los problemas. ¿Cuántas veces hemos pensado que nosotros tenemos los mayores problemas y que por ellos somos los más infelices del mundo? ¿Los cambiarías por los problemas de tu vecino? Leer este pequeño relato y comentamos lo que despierta en cada uno de nosotros.

Los problemas

Illustration by Ken Crane

El sabio de los grandes consejos para solucionar los problemas

Erase una vez un viejo sabio muy popular que cansado de convivir con los hombres, había decidido que viviría una vida sencilla en una montaña del Himalaya.

Se pasaba gran parte de su tiempo meditando, pero el su popularidad era tan grande que las personas estaban dispuestas a sufrir subiendo aquellos empinados senderos, subir colinas escapadas o cruzar ríos caudalosos, sólo para conocer al hombre sabio, aquel que creían capaz de dar solución a cualquier problema que generaba angustia en el corazón humano.

El viejo sabio, además era una persona tan buena y compasiva, que a pesar de desear la soledad buscada, siempre los recibía con buena cara y con grandes consejos. Eso sí, intentaba despachar a los visitantes no deseados lo antes posible.

Cada vez eran mayores los grupos de personas que se acercaban al lugar donde el viejo sabio vivía, y en cierta ocasión, una masa de personas se agolpó a su puerta diciendo que en el periódico local, habían publicado un artículo con bellas historias sobre él y que todos deseaban que les ayudasen a superar esas dificultades que no les dejaban avanzar en el día a día.

El sabio se quedó en silencio, lo único que les pidió fue que se sentasen y que esperasen. Así pasaron un par de días y la gente no paraba de llegar. Cuando ya no quedaba sitio ni para un alfiler, él se dirigió a la multitud que tan ansiadamente le esperaban a la entrada de su puerta:

Amigos, os voy a dar el consejo que tanto deseáis, pero a cambio, debéis prometerme que a medida de que vuestros problemas vayas remitiendo, comentareis con los nuevos peregrinos que ya no vivo aquí, por motivos personales, me tuve que ir, así podré vivir en la soledad que tanto deseo.

Los hombres y mujeres presentes no dudaron en hacer el juramento sagrado, donde prometieron de corazón que si el sabio solucionaba las angustias de cada uno de ellos, ellos no permitirían que ningún otro peregrino se acercase a ese lugar.

Gracias. Ahora contádme cuál es aquel problema que no os deja ser felices –pidió el sabio.

Un hombre se arrancó a hablar, pero antes de que acabase la primera palabra, ya fue interrumpido por otras personas ansiosas por recibir lo que podría ser el último consejo, y que temían que por ser tanta gente y por falta de tiempo sus problemas no fueran escuchados.

En poco tiempo la situación se volvió caótica: gente gritando a la vez, gente llorando, gente peleándose y arrancándose cabellos por la impotencia de sentir que sus problemas no iban a ser escuchados…

El sabio observó durante un tiempo ese panorama y gritó:

¡Silencio!

La multitud enmudeció inmediatamente.

Está situación es un caos y así no vamos a conseguir nada. Por favor, que cada uno escriba su problema en este papel y al finalizar dejad los papeles aquí, en este cuenco frente a mí.

Cuando todos depositaron su papel en el cuento, el sabio mezcló todos los papeles y dijo:

Id pasando este cuenco de mano en mano y que cada uno saque un papel y que lo lea. Una vez leído podréis decidir si queréis cambiar el problema que tenéis por el nuevo que os ha tocado o por el contrario, pedir que os devuelvan el papel en el que está escrito vuestro problema original.

Todos los presentes hicieron lo que el sabio les pidió, y  fueron sacando los papeles. Muchos de ellos, por no decir todos, al leer los nuevos problemas quedaron horrorizados.

Reflexionando sobre la situación, sacaron la conclusión que lo que ellos habían escrito como problema, por muy malo que fuese, no era tan horrible como lo que les pasaba a sus vecinos.

Pasadas las horas, la multitud decidió intercambiar los papeles y así, cada uno volvió a guardar su problema personal en el bolsillo, con la tranquilidad de que su aflicción podría no ser tan dura como él pensaba.

Dieron gracias al sabio por la lección recibida y así bajaron de la montaña sintiéndose más aliviados y cumpliendo lo prometido al sabio: “ nunca dejarían que los peregrinos perturbasen la paz de gran hombre sabio”

¿Qué os sugiere? 

Podréis encontrar más fábulas y pequeños relatos en la sección de Curiosidades de la vida

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